5.5 PRÁCTICAS DE COMUNICACIÓN

AMORES QUE MATAN

Lee y escucha la siguiente entrevista a Mónica: una mujer maltratada.
Al final de la entrevista tienes la explicación de algunas palabras que puede que no conozcas.

 

Una de cada cuatro mujeres europeas ha sufrido alguna vez maltrato1 físico y psicológico por parte de su pareja. Muchas de ellas reciben a diario estos golpes en el cuerpo y en la mente y viven sumidas2 en un estado constante de temor y de amenaza. Solo algunas logran poner fin a esta difícil situación. Mónica abandonó a su pareja3 cuando tenía veintiún años y una personalidad que había sido destruida a golpes.

Mónica ya no era persona. Estaba viviendo la segunda relación en la que su pareja la insultaba, amenazaba4, humillaba y pegaba de manera constante. Ya no sabía pensar por sí misma hasta que, empujada por su familia, pero avergonzada de lo que estaba haciendo, decidió denunciarle. Su abogada lo tuvo claro desde el principio: la única alternativa era ingresar en el Centro de Atención, Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas (C.A.R.R.M.M.) de la Comunidad de Madrid, el único en España que presta5 una asistencia integral para mujeres y niños víctimas de la violencia de género6. Las mujeres que ingresan en este centro reciben toda la atención necesaria para superar7 las consecuencias de este tipo de violencia: confusión, temor, anulación de su autoestima8, dependencia… Dejan sus casas, ciudades, familia y todo lo que suponga un entorno cercano a su ex pareja para empezar a convivir con otras mujeres que han pasado por la misma situación. Además, psicólogas, trabajadoras sociales, asesoras jurídicas y formadoras están a su disposición, según las pautas9 del centro, para asistirlas en cada caso.

¿Para qué acudiste a este centro?
Porque no entendía muy bien qué me estaba pasando. Solo sentía… pues que tenía un deterioro10 físico y mental muy grande. De hecho, ya no sentía casi nada. Pesaba diez kilos menos que ahora, y no soy una chica gorda. No podía subir unas escaleras, me caía. Yo no comía, no dormía…, nada, absolutamente nada. Claro, me mareaba, me caía por todas partes… Notaba físicamente que me estaba muriendo y no era consciente de casi nada de lo que estaba pasando. Solo lloraba. No quería ver que era maltratada, no quería que me lo dijeran.

Yo ahora mismo lo pienso desde la distancia y digo: “Qué mal tendría que estar para decir ‘sí, me da igual, vengo’ ”. Claro, mis padres siempre lo decían. Decían: “Es que yo no te sé ayudar en esto”. Y yo sola no podía. Era mi última opción y, bueno, la mejor.

Y nada, empecé a ver pues que todas mis compañeras, con las que yo creía no tener nada que ver, eran igual. Y una vez que reconocí mi problema y el problema de él, pues empecé a comprender muchas cosas.

Minuto a minuto ves que vas cambiando y de repente un día dices: “Joder… estoy bien”.

Como muchas de sus compañeras, Mónica ingresó11 en el centro negando lo evidente12 de su situación de maltratada. Allí siguió un tratamiento que se prolongó13 durante 18 meses. Junto a ella, otras 25 mujeres, algunas con sus hijos, compartían un duro proceso de recuperación física y psicológica tras haber logrado salir del infierno del maltrato.

¿Y cómo decidiste dar el paso14? Porque me imagino que tiene que ser dificilísimo.
Yo creo que para dar el paso tienes que estar hundida del todo15. Al compartir con otras mujeres, pues ves que no eres solo tú. Sobre todo, la vergüenza16 se te quita. Dices “ay, ¡no soy un bicho raro17!”. Yo, cuando lo tuve que contar en la universidad es como “madre mía, una chica de veintiún años maltratada…” Y yo… a mí que me daba muchísima vergüenza, y vergüenza ninguna. A él, en todo caso. Pero claro, aquí ves y dices “ay, pues a mí también me hacía eso”, “ay, pues ¿y a ti también te decía…?”, “ay, pues a mí también”. Y dices: “Ay mira, ¡que no soy tan rara!”. Entonces, las compañeras yo creo que también son esencial(es) en la recuperación. El hablar, el llorar juntas, el acompañarnos unas a otras…
A mí me ha cambiado la cara, la expresión de los ojos. No me reconocen en las fotos. Los niños, si me ven en una foto, aunque esté sonriendo en la foto me dicen: “¿Por qué estás triste?”.

Y después de esto, ¿cómo te enfrentas a una nueva relación?
Yo creo que te enfrentas, sobre todo, muy segura de ti misma y con las ideas muy claras. El problema es que antes no podíamos tener nada claro porque ni siquiera sabíamos nosotras ya cómo éramos. Yo veía a través de sus ojos ya, porque así dolía menos. ¿Qué ideas iba a tener yo? Ahora sí. Ahora, por primera vez, me han enseñado, de alguna manera, a pensar sin decirme lo que tengo que pensar. Y yo decido, me equivoque o no, pero son mis equivocaciones. Entonces ahora somos capaces de decidir qué queremos y qué no queremos.

Al entrar en el centro, Mónica se vio obligada a abandonar su ciudad. Un lugar en el que viven su familia y amigos y que ahora ella no puede evitar relacionar con el pasado que está dejando atrás.
Hoy vive una vida nueva en Madrid.

¿Te has sentido apoyada a nivel social?
Yo, particularmente, sí. Yo he tenido suerte porque en mi universidad lo han comprendido perfectamente. Pero, mi familia, por ejemplo, no entiende que yo no vuelva a mi ciudad. Ellos, con llenarse la boca18 diciendo que él no me va a hacer nada, que ya están ellos para protegerme… Y claro, eso es una tontería porque, primero, yo no quiero un guardaespaldas19 en mi vida y, segundo, eso ya se ve más o menos como un zulo20 donde has vivido tu infierno y donde están aquellas ideas que estás abandonando. Entonces, socialmente esto no se entiende bien. Mi sentencia21, simplemente, que tengo una sentencia durísima y cuando llegas al fallo22 dices: “Ay, que se queda en dos años y no entra en cárcel”. Entonces, pues, falta muchísimo pero ahí seguimos, en la lucha.

El C.A.R.R.M.M. no es un antídoto23, pero es la mejor solución que se ha conocido hasta ahora. La más eficaz24, al menos, para que las mujeres maltratadas rehagan25 sus vidas  superando, o al menos comprendiendo y aceptando, las secuelas del trauma. Las víctimas se quejan de que las medidas judiciales26 tomadas hacia los maltratadores son escasas, y ante las amenazas, la seguridad y el apoyo prestado por parte del Estado brillan por su ausencia27.

Mónica no cesa28 en su lucha personal para que la situación cambie. Es consciente de que ella sola puede hacer poco, pero junto a ella luchan, unidas sin saberlo, todas las mujeres que han compartido su infierno, y con ellas, quienes somos conscientes de que aún tienen que cambiar muchas cosas para que cada día, como Mónica, al menos una pueda decir: “Joder… estoy bien”.

1 maltrato: acción de tratar mal a alguien con golpes u otro tipo de abuso
2 sumido: inmerso
3 pareja: persona con la que convives y compartes tu vida
4 amenazar: decirle a alguien que le vas a hacer algún mal
5 prestar asistencia: ayudar
6 violencia de género: violencia machista
7 superar: conseguir que las consecuencias de una mala experiencia desaparezcan
8 autoestima: valor que le damos a nuestra propia persona
9 pautas: normas
10 deterioro: empeoramiento progresivo
11 ingresar: entrar en una institución
12 negar lo evidente: negar aquello que es claramente verdad
13 prolongarse: continuar en el tiempo
14 dar el paso: tomar la decisión
15 hundido de todo: completamente deprimido
16 vergüenza: sensación desagradable que tenemos cuando pensamos que hemos hecho algo mal y los demás lo saben o cuando creemos que somos el centro de todas las miradas
17 bicho raro: forma coloquial de decir persona rara, extraña
18 llenarse la boca: frase hecha para señalar que alguien dice cosas que luego no puede mantener
19 guardaespaldas: persona que te acompaña permanentemente para protegerte
20 zulo: lugar para esconderse que está debajo de la tierra
21 sentencia: fallo del juez por el que se castiga un delito
22 fallo: sentencia, decisión judicial
23 antídoto: remedio que contrarresta los efectos de un veneno
24 eficaz: efectivo
25 rehacer: volver a hacer
26 medidas judiciales: medidas legales
27 brillar por su ausencia: frase hecha para decir que falta algo muy importante
28 cesar: parar